Conocida por muchos como el motor de búsqueda con insoportables fallas y demoras, Internet Explorer terminó muriendo poco después de la llegada definitiva de Google. Feneció como una propuesta que no pudo reinventarse a tiempo para satisfacer la demanda creciente global¹. La educación parece llegar al mismo punto, en donde si no se adapta a lo que el mundo demanda, nos veremos en un gran aprieto frente al escenario de la competencia global.

“No sé por qué llevo este curso si no me sirve para nada en la vida real”. ¿Escuchaste alguna vez esta afirmación? Durante los años que trabajé en aula, escuché más de una vez frases como ésa. Estudiantes sin importar edad mostraban signos de hartazgo y descontento frente a lo que se les exigía aprender. Esa realidad tampoco es muy distinta para los estudiantes de educación superior, que no entienden por qué aprenden contenidos bajo ciertos modelos que no logran conectar con sus motivaciones y expectativas de desarrollo profesional. El entorno y estímulos a los que están expuestos los jóvenes de hoy han transformado su manera de entretenerse, relacionarse, organizarse y de aprender, en claro contraste a la realidad educativa vigente. La industria del entretenimiento, de mano de la tecnología, genera experiencias sin precedentes a través de nuevas alternativas: realidad virtual, películas de alta definición, control kinestésico de videojuegos, televisión inteligente, entre otros. Así también, existen las redes virtuales y el beneficio que otorgan para conectar, trabajar e intercambiar valor con personas de cualquier parte del mundo. Por otro lado, participar en cursos online de bajo (o nulo) costo dictados por universidades extranjeras de importante reputación, que de la forma tradicional hubiera sido extremadamente difícil acceder, ahora es posible. Los cambios están surgiendo en todos los sectores sociales y productivos, pero no así en los espacios de la educación. Cuando se supone que a través de ella deberíamos estar capacitados para conectar con las demandas de un mundo globalizado, ágil y que promueve la alta competencia. Sin embargo, dada las condiciones, el modelo educativo generalizado en nuestro país, parece ser como aquel buscador de internet conocido por su lentitud para conectarse con sitios web que demandan mayores recursos y velocidad para ejecutarse.

Los chicos verdaderamente se están aburriendo. Fuente: Flickr.

Los chicos verdaderamente se están aburriendo. Fuente: Flickr.

Como respuesta a esta problemática muchos docentes, gestores educativos y agentes políticos con el objetivo de sintonizar con las demandas del mundo actual y preparar a niños y jóvenes para el futuro, orientan sus esfuerzos a incorporar las TIC’s en los procesos de aprendizaje y los espacios físicos en donde estos tienen lugar, pero manteniendo el mismo esquema heredado de la sociedad industrial: el profesor como figura incuestionable, estudiantes como meros receptores y repetidores de información, ejecutando tareas domiciliarias que no cumplen con propiciar un aprendizaje significativo. Niños y adolescentes divididos por edades, a través de asignaturas separadas unas de otras, como si los desafíos a los que se van a enfrentar les llegaran en cuotas y con etiquetas. Todos perfectamente ubicados en carpetas mirando al profesor, ordenados en serie y en silencio. Finalmente, como Cobo y Moravec (2011) manifiestan sobre la adopción de tecnologías en los colegios, “no terminan siendo más que falsas expectativas al creer que por incorporar tecnologías en el aula los estudiantes tendrán una mejor calificación en español o matemáticas”. Como consecuencia de esas ideas seguimos manteniendo vigente un modelo que sirvió para las antiguas generaciones, pero que en la actualidad, aunque con adornos tecnológicos, no es capaz de superar su ineficiencia. El modelo educativo predominante en el Perú es preocupantemente lento, no solo por la carga burocrática que se adhiere a sus funciones, sino por la concepción subyacente de que recién estaremos aptos para lidiar con los retos de la vida real, luego de muchos años de ‘producción’ educativa. Cual faja mecánica de fábrica del siglo XX, el individuo es transportado durante once, hasta doce años de vida escolar, para que una vez terminada esta fase, recién se piense que debe iniciar su carrera hacia el éxito profesional. Los niños de hoy compartirán en el futuro, escenarios de competencia con profesionales de distintas procedencias y aptitudes, los cuales aprendieron a crear valor con su talento, desarrollaron pertinentemente habilidades blandas y emprendieron sus propias ideas de negocios antes de terminar inclusive su etapa escolar, obteniendo así valiosas experiencias gracias a errores que aportaron mucho a su expertise y a fallas que no volverán a cometer en el futuro. Ante ese panorama, si seguimos creyendo que los jóvenes deberán esperar a terminar la educación superior o que ésta es la única vía para alcanzar el desarrollo personal, probablemente los jóvenes de nuestro país se verán obligados a esperar al final de la fila por su oportunidad de éxito.

Para algunos la valla es muy alta. Fuente: proexpansión. com

Para algunos la valla es muy alta. Fuente: proexpansión. com

Como se indica, la educación se está demorando y los síntomas se están haciendo evidentes. Según un estudio realizado por DBM, una empresa que se dedica a asuntos referentes a la gestión de personas, el 56% de los empleadores en el Perú considera que los jóvenes no han desarrollado las habilidades necesarias para responder adecuadamente a los retos del mundo del trabajo. Pensamiento crítico, capacidad para comunicarse a distintos niveles, actitud orientada a la innovación, adaptabilidad y flexibilidad, son algunas de las habilidades blandas que han cobrado relevancia en la demanda actual del mercado laboral. Competencias que difícilmente se atienden en las aulas debido a un arquitectura de aprendizaje que desconecta a los estudiantes con sus propios compañeros. Urge repensar ecosistemas de aprendizaje que contemple la construcción de redes de aprendizaje dentro y fuera de las instituciones educativas y NO, no me refiero a los tradicionales grupos de estudio.

Definitivamente, las oportunidades de cambio contemplan otros aspectos aparte de cómo se disponen a los estudiantes en un aula. Creemos que se necesita una revisión del rol de todos aquellos agentes que intervienen de manera directa e indirecta en el proceso formativo. Por ejemplo, Díaz (2013) sugiere que los gestores educativos deben ser capaces de despojarse de todo aquello que sobrecargue su jornada escolar y que propicien un acercamiento, no invasivo pero constante, hacia los espacios en donde tienen lugar los procesos de enseñanza y el clima laboral, con el objetivo de tener información de primera mano sobre las fortalezas y debilidades de su institución. Un símil de esa figura podría ser la fase de inmersión que realiza el equipo de innovación de una empresa que desea desarrollar un nuevo producto o servicio centrado en el usuario. Mientras más cerca se encuentre el gestor de lo que acontece en los ambientes en donde tiene lugar el aprendizaje, más rápidos y significativos serán los esfuerzos desde la Dirección.

Podría citar innumerables casos de niños y jóvenes que, paralelamente a su educación formal, están acelerando su desarrollo profesional, conectando su talento con las oportunidades que encuentran en su camino, a través de su curiosidad por aprender de forma autodidacta aquello que les gusta y motiva. Adolescentes que, sin terminar la secundaria, alguna universidad ya les reservó una vacante debido a que sobresalieron por sus conocimientos y destrezas, las cuales adquirieron de manera en espacios no formales de educación. La información está en todos lados gracias a las tecnologías de la información y ellos supieron aprovechar ese gran beneficio, una oportunidad a la que los seres humanos no tuvimos acceso desde los inicios de nuestra existencia.

¹http://lifehacker.com/5784396/browser-speed-tests-firefox-4-internet-explorer-9-chrome-11-and-more

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